Piel de los mamíferos, un órgano extensible que ofrece protección

Piel de los mamíferos
Piel de los mamíferos

Importancia y funciones de la piel de los mamíferos

La piel de los mamíferos es el órgano externo que está a simple vista, es el de mayor extensión, ya que recubre todo el cuerpo y tiene como finalidad primordial brindar protección al organismo frente a cualquier agente externo, bien sean patógenos o bien golpes y lesiones, entre otras funciones, como contribuir a la regulación de la temperatura corporal, permitir la expulsión de sustancias de desecho y es el órgano encargado del sentido del tacto, además que en ella se encuentran otras estructuras asociadas como pelos, uñas, garras y cuernos.

Gracias a la gran diversidad de mamíferos existentes, el órgano de la piel varía ampliamente en cuanto a coloración, estructuras anexas y grosor, dependiendo de las características ambientales y geográficas de los distintos hábitats colonizados por estos vertebrados. El grosor de la piel también es diferente en las distintas zonas del cuerpo.

Estructura de la piel los mamíferos

Como en el resto de los vertebrados, la estructura de la piel de los mamíferos es compleja y está formada por dos estratos, la epidermis y la dermis. A continuación describimos cada una detalladamente.

Epidermis

Es el estrato externo, por lo tanto el que está en contacto con el entorno, es más fino y lo conforman varias células epiteliales adosadas, que reciben el nombre de queratinocitos, además de poseer células dendríticas (como los melanocitos productores del pigmento melanina, entre otras). El espesor de este estrato puede ser variable y dependiendo de esto, en ella pueden distinguirse diferentes capas de queratinocitos que de adentro hacia fuera son: germinativa, espinosa, granulosa, lúcida y córnea. Las células se originan en la capa germinativa por división celular y van madurando de adentro hacia afuera, lo que da origen a todas las capas de la epidermis, culminando en la capa córnea que es fuertemente queratinizada, y de la cual algunas células muertas pueden desprenderse. En algunas regiones como las palmas de las extremidades, la piel es más gruesa y presenta todas las capas epidérmicas mencionadas, en otras, como los párpados y labios, se observa menos queratina y ausencia de la capa lúcida.

Las células dendríticas presentes en la piel de los mamíferos pueden ser de tres tipos: melanocitos, células de Langerhans y células indeterminadas. Los melanocitos son los responsables de la coloración de la piel, éste tipo de células las encontramos en la capa basal epidérmica inmersas en los queratinocitos. Las células de Langerhans cumplen una importante función en el sistema de defensa inmunitario y también se localizan en la dermis.

Dermis

Es el estrato interno que continua a la epidermis, posee más espesor y el tejido conectivo es lo que la conforma casi en su totalidad, ya que en ella encontramos menos cantidad de células y más fibras. Estas pueden ser de tres diferentes clases, donde las fibras colágenas se encuentran en mayor proporción y contribuyen a darle resistencia a la piel. En la dermis, también se encuentran fibras elásticas, que como su nombre lo indica le brindan elasticidad y fibras reticulares. Aparte de los componentes antes mencionados, la dermis también se encuentra integrada por vasos sanguíneos, glándulas y receptores nerviosos, también el músculo erector del pelo.

Debajo de la dermis, está presente la hipodermis que aunque algunos autores lo consideran parte de la dermis, otros lo toman como otro estrato de la piel, y la cual está formada por tejido adiposo con células denominadas adipocitos.

Glándulas presentes en la piel de los mamíferos

Actualmente se conocen cuatro tipos de glándulas en la piel de los mamíferos, las cuales reciben su nombre dependiendo de la zona en que están situados y la función que cumplen.

Glándulas sebáceas

Estas glándulas están ubicadas cerca de los folículos pilosos, los cuales dan el crecimiento al pelo, tienen una forma de saco y en su parte anterior poseen una abertura con un conducto, que hace contacto con el pelo. La glándula sebácea es la encargada de proporcionar el sebo, es decir, la grasa que recubre la epidermis protegiéndola de agresiones externas como la humedad, bacterias y hongos. En algunos mamíferos como en el caso de los cetáceos, la capa de grasa que recubre la piel les sirve como aislante de la temperatura.

Glándulas sudoríparas

Se les denomina así ya que esta glándula es la encargada de producir el sudor, el cual es un líquido transparente y va cargado con cloruro de sodio y otros componentes en algunos mamíferos. El sudor tiene como función contribuir a la regulación de la temperatura corporal y a la eliminación de sustancias de desecho.

Glándulas odoríferas

Son otro tipo de glándulas sudoríparas que técnicamente reciben este nombre por la función que cumple, estas glándulas secretan un sudor más denso, el cual está compuesto molecularmente por glicoproteínas, lípidos y amonio, lo que ocasiona que cada uno de los organismos que la poseen tengan su olor peculiar. Estas glándulas también sirve para la comunicación entre los individuos de una especie, para marcar territorio y en algunos casos como mecanismo de defensa, como por ejemplo en los zorrillos, que al sentirse amenazados segregan una sustancia de olor fuerte y fétido mediantes sus glándulas anales.

Glándulas mamarias

Son una de las glándulas más importantes en los mamíferos, ya que son las encargadas de secretar la leche durante el período de amamantamiento de las crías. Están reguladas por medio de las hormonas.

El pelo de los mamíferos

El pelo en la piel de los mamíferos es una de sus características distintivas del resto de los animales, es un filamento queratinizado que está formado por un folículo piloso inmerso en el estrato dérmico por la raíz, y que en la base constituye la papila pilosa; el folículo continúa por la epidermis formando el tallo del pelo, el cual sobresale unos milímetros dependiendo de lo largo que lo posea el animal. El pelo contiene melanocitos que le confieren color y que es tan variable en cada uno de los mamíferos existentes, además, el pelo está sometido a renovación constante inducida bien sea a nivel hormonal y/o estacional.

El pelo en los mamíferos les sirve como un aislante de la temperatura ambiental, sobre todo en las regiones más frías, por lo cual, generalmente, los mamíferos que ocupan dichas regiones poseen pelos más largos en todo su cuerpo, incluso algunos de estos vertebrados poseen la capacidad de cambiar su pelaje dependiendo de la estación del año, así, tenemos mamíferos como el camello que presenta pelaje corto en verano y abundante en invierno, o en animales que habitan climas árticos, que cambian su pelaje oscuro a uno blanco cuando están en época invernal. Algunos mamíferos grandes y corpulentos contienen pelos más cortos, ya que la capa de grasa que poseen evita que pierdan grandes cantidades de calor, como es el caso de los elefantes.

Los pelos de los mamíferos también les sirven para confundir a sus enemigos, ya que algunas coloraciones les benefician en entornos donde se mezcla con el paisaje a través del arte del camuflaje. Además de que algunos están especializados para servir como estructura receptora de estímulos, como determinados bigotes de los animales.

En mamíferos como el puercoespín y el erizo, sus púas no son más que pelos modificados, los cuales son un poco más rígidos.

Otras estructuras anexas relacionadas con la piel de los mamíferos

Aparte del pelo, existen otras estructuras que están relacionadas con la piel de los mamíferos como lo son las uñas y las garras que son estructuras queratinizadas. También tenemos los cuernos y las astas, queratinizadas en algunos casos y en otros, incluso óseas.

En mamíferos como los armadillos, existe una cubierta escamosa queratinizada y ósea que se desarrolla gracias a la piel (tanto de la epidermis como de la dermis).

Autores consultados

– Alzola, R. (2002)

– Juarez, D.; Estrada, C.; Bustamante, M.; Quintana, Y.; Moreira, J.; López, J. (2007)

– Meruane, M.; Rojas, M. (2012)

– Money, S. (1972)

– Navarrete, G. (2003)